España genera más empresarios primerizos que casi cualquier país europeo y se beneficia poco de los empresarios reincidentes. Esa asimetría no es accidente. Es consecuencia de un conjunto de patrones culturales y económicos —en cómo se cubre el éxito, en cómo se interpreta el cierre de empresa, en cómo se distribuyen los incentivos públicos a la creación— que conviene revisar.
La tesis es simple y la sostendremos a continuación: el ecosistema empresarial español funciona mucho mejor cuando un fundador llega a su segundo o tercer proyecto. Y, sin embargo, sostenidamente, dificultamos esa segunda vuelta más que nuestros vecinos europeos. La consecuencia operativa es un coste agregado significativo en valor empresarial perdido.
El dato: los reincidentes ganan más a menudo
La investigación empírica sobre serial entrepreneurs es relativamente abundante y razonablemente concluyente. Estudios desde Harvard Business School confirman que los fundadores que han tenido éxito anteriormente tienen significativamente más probabilidades de repetirlo que los fundadores primerizos de lograr su primer éxito. Pero el dato más interesante no es ese. Es el de los fundadores que cerraron sin éxito su primera empresa.
Análisis desarrollados por la propia Harvard Business School, replicados después por Stanford y por escuelas europeas, muestran que un fundador que cerró su primera empresa tiene mejores probabilidades en su segundo proyecto que un primerizo absoluto. La cifra exacta varía según estudio —algunos sitúan la mejora en 5-10 puntos porcentuales sobre la línea base, otros la sitúan más alta—, pero el patrón es consistente: cerrar una empresa enseña, y el aprendizaje se traduce en mejor ejecución la siguiente vez.
La razón estructural es operativa, no mística. Un fundador que cerró su primera empresa entiende, en orden:
- Qué validación de mercado es genuina y cuál es ruido confirmatorio.
- Cómo se gestionan ciclos de caja con disciplina cuando la fundación cuesta dinero personal.
- Por qué los conflictos entre cofundadores se resuelven con pactos formales antes de que ocurran, no después.
- Cuándo cerrar es decisión madura y cuándo es huida.
- Qué inversores tratan al fundador como socio y cuáles lo tratan como activo a optimizar.
Cada uno de esos aprendizajes se obtiene casi siempre solo a través de experiencia directa. Ninguna escuela de negocios los transmite con la profundidad operativa de pasar por ellos. El primerizo que arranca con MBA reciente tiene ventaja en marcos teóricos; el reincidente tiene ventaja en patrones operativos. La segunda categoría, en estadística agregada, gana más operaciones.
Casos españoles que ilustran el patrón
España tiene casos públicos de fundadores reincidentes que vale la pena tener presentes.
Lucas Carné y José Manuel Villanueva fundaron Privalia en 2006. La empresa fue adquirida por Vente Privée en 2016 por aproximadamente 500 millones de euros, uno de los exits más relevantes del ecosistema startup español de su época. En 2020 los dos fundadores volvieron a unirse para crear 011h, una constructora de nueva generación que aplica metodología industrial a la edificación residencial. La operación 011h ha levantado financiación significativa en sus primeros años y opera con un equipo experimentado que aprendió en Privalia cómo escalar empresa rápidamente.
Íñigo Juantegui comenzó con La Nevera Roja, plataforma de delivery que fue comprada por Just Eat en 2016. Posteriormente fundó OnTruck, una plataforma de gestión logística B2B que ha consolidado posición en su segmento. Es un caso clásico de aprendizaje aplicado: marketplace para consumidor → marketplace para empresa, con muchas de las dinámicas operativas similares pero con matices que requieren entender lo aprendido.
Christian Rodríguez ha fundado 13 startups en los últimos 12 años, un volumen excepcional en el ecosistema español. La métrica de éxito de un perfil así no es cuántas operaciones cierran exitosamente, sino qué porcentaje del valor agregado generado supera el coste agregado del proyecto fallido. En su caso, los proyectos exitosos parecen haber compensado holgadamente los cierres. Es perfil que el ecosistema necesita: experimentador con tolerancia al riesgo y capacidad de levantar proyectos nuevos con velocidad.
María Luke y Xandra Etxabe desarrollaron FIXME, plataforma de fisioterapia bajo demanda que vio la luz en 2018 y cerró en 2020. Las dos fundadoras volvieron a colaborar en el desarrollo de Uelz, lanzada en 2022 con modelo de negocio diferente. El caso ilustra el patrón: cierre ordenado de primera empresa, reagrupación con aprendizaje, siguiente proyecto con perspectiva.
Estos casos —y muchos otros que no son tan mediáticos— muestran que el patrón funciona en España. La pregunta es por qué no funciona más.
Las tres barreras que el ecosistema mantiene
Hay tres patrones culturales y operativos que dificultan la segunda vuelta del fundador español más de lo que lo hacen en mercados comparables.
El estigma del cierre. En el ecosistema español, cerrar una primera empresa sigue siendo interpretado por buena parte del entorno (familiares, antiguos clientes, antiguos empleados, futuros inversores informales) como fracaso personal en sentido amplio, no como capítulo profesional terminado. Esa lectura no aplica con la misma intensidad en mercados anglosajones, donde un fundador que ha cerrado una empresa anterior aparece en la siguiente con posición de cierto respeto incluso si la primera no funcionó. La diferencia cultural es operativa: el fundador español que ha cerrado pasa por un proceso de duelo social que el norteamericano no atraviesa.
El acceso a financiación posterior es desigual. Bancos y fondos en España aplican filtros más conservadores a fundadores con cierre previo que a primerizos. La lógica del filtro es defendible —existe riesgo real— pero su aplicación es mecánica y desproporcionada. En mercados como Estados Unidos, fondos especializados en serial entrepreneurs tratan el cierre previo como información operativa (qué aprendió, qué gestionaría distinto), no como factor disqualificante automático. España todavía no tiene un ecosistema de fondos similares con tamaño relevante.
Los incentivos públicos están desbalanceados a favor del primerizo. Los programas de apoyo al emprendimiento (ENISA, SECOT, programas autonómicos, líneas ICO) tienen criterios que típicamente favorecen a empresas de nueva creación con fundadores sin track record empresarial previo. El razonamiento subyacente es que la política pública debe nivelar barreras de entrada para quien empieza. El razonamiento es legítimo pero produce un efecto colateral: el reincidente con más probabilidades estadísticas de ejecutar bien recibe menos apoyo público que el primerizo. La asimetría es contraintuitiva si lo que se busca es maximizar valor empresarial generado por euro público invertido.
Lo que ganaríamos si lo cambiáramos
Imaginemos por un momento que España corrigiera las tres barreras. Tres consecuencias operativas previsibles a medio plazo.
Aumentaría el número de fundadores experimentados activos en cualquier momento dado. La diferencia entre tener 1.000 fundadores experimentados activos y tener 3.000 no es triple. Es probablemente mayor: porque los fundadores experimentados son interconectados —se atraen mutuamente, comparten talento, asesoran a primerizos, mentoran cohortes posteriores—. La masa crítica genera red, y la red multiplica valor.
Mejorarían las tasas de éxito agregadas del ecosistema. Si los serial entrepreneurs tienen tasas de éxito proporcionalmente más altas, aumentar su peso en el ecosistema mejora la métrica conjunta sin necesidad de mejorar individualmente cada proyecto. Es ganancia estructural.
Se reduciría la fuga de talento. Algunos fundadores españoles que han cerrado en España y han encontrado mejor recepción en mercados anglosajones se han establecido fuera. La lista incluye casos públicos en Londres, Berlín, Nueva York, San Francisco. Si España corrigiera el sesgo, parte de ese talento se quedaría o regresaría. La diferencia de PIB potencial es difícil de cuantificar pero no trivial.
Tres cambios concretos posibles
Para no quedarnos en la abstracción, conviene apuntar tres cambios operativos posibles que algunos países ya implementan.
Línea de financiación pública específica para fundadores reincidentes. ENISA o líneas ICO con criterios de elegibilidad que valoren positivamente experiencia previa, incluyendo cierres ordenados, en lugar de penalizarlos. La regulación tendría que distinguir explícitamente entre cierre voluntario ordenado (que enseña) y concurso fraudulento (que descalifica). El detalle técnico es complejo pero no inabordable.
Programas de mentoría inversa. Conectar formalmente serial entrepreneurs con primerizos en estructuras pagadas o financiadas con apoyo público. Los serial entrepreneurs aportan conocimiento operativo, los primerizos aportan energía y disposición a explorar. Algunos programas privados (Lanzadera, Wayra, Demium) ya hacen versiones de esto, pero el alcance es limitado.
Cambio normativo en gestión del crédito post-cierre. Reducir el periodo de penalización en historial crediticio del fundador que cerró ordenadamente una empresa anterior. Hoy ese periodo puede extenderse durante años, dificultando que el fundador acceda a financiación personal o empresarial para nuevo proyecto. Una reforma técnica menor con efecto sustantivo.
Una nota final
Este artículo no defiende que cualquier cierre deba premiarse. No todo cierre es enseñanza: los cierres por mala gestión deliberada, por falta de ética operativa, por rendición temprana ante dificultades menores, no contienen aprendizaje útil. Lo que contiene aprendizaje es el cierre ordenado de un proyecto que se intentó con seriedad y no funcionó por razones específicas que el fundador entiende post mortem.
Distinguir entre uno y otro es el trabajo que el ecosistema de financiación y de política pública debería estar haciendo y no está haciendo bien. Mientras esa distinción siga siendo gruesa —cualquier cierre se penaliza, cualquier track record nuevo se trata igual—, España seguirá teniendo más fundadores primerizos de los que estadísticamente le convienen y menos reincidentes de los que su economía agradecería.
Es asignatura pendiente. Y quien la aborde con seriedad —desde política pública, desde financiación privada, desde cultura de medios— estará contribuyendo a un activo agregado que la cuenta de resultados nacional debería valorar mucho más alto de lo que lo hace.
Fuentes consultadas:
- Por qué fracasan las startups y cómo los emprendedores en serie desafían las estadísticas — Entrepreneur en Español
- Los 100 emprendedores más relevantes en el ecosistema de España — Emprendedores
- Emprendedores perseverantes que triunfaron tras fracasar — BBVA
- Las 25 personas más influyentes en el emprendimiento español 2024 — Fundación Marqués de Oliva